La escritura es una de las formas más poderosas de expresión humana, pero también puede convertirse en una fuente de ansiedad, bloqueo y autocrítica constante. Escribir implica abrirse, exponerse, desafiar los propios límites. No es extraño, entonces, que muchos escritores —noveles y profesionales— experimenten momentos de ansiedad creativa.
Este fenómeno no discrimina: afecta tanto a quien está comenzando su primer cuento como al autor que publica su décimo libro. Como bien afirma el autor y editor Tomás Elías González Benítez:
“La ansiedad creativa es el eco del miedo al juicio, propio y ajeno. No se trata de vencerla, sino de aprender a convivir y trabajar a su lado.”
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